sábado, 10 de noviembre de 2012

The sleeping village

Voy a apearme del largo camino al FIR para tomar aire. Sobre todo ahora que me estoy llenando la cabeza de bichos y, como recordaremos de Los Simpsons y el episodio aquel en el que declaran totalmente inmune al Sr. Burns, cuando muchos microorganismos intentan entrar por la misma puerta a tu cerebro acaban por apiñarse en el marco y no logran acceder... Es puerta la abro y la cierro todos los días, de lunes a sábado y un rato el domingo, en la que ha sido mi casa durante - casi - toda mi vida. Desde mi pueblo. Desde donde escribo ahora mismo. Ah, los pueblos... ¡qué lugares! el que no haya vivido en uno no tiene ni idea de cómo son las cosas por aquí, nada más que de oídas. La gente pasea por las calles tranquila y sonriente, yendo de acá para allá, a veces con motivo y a veces errantes o simplemente por diversión. Tienes campo pa' corré y para llevar al perro a que desorine y persiga unas cuantas ardillas y le huela el trasero a sus homólogos. El aire es fresco, disfrutas más de la climatología y tal... ¡Si es que son geniales!

Pero hay un pero, un matiz a eso último que he dicho: son geniales para dos días. Lo son para unas vacaciones. Y es que uno de los motivos con que me espoleo a diario para estudiar lo máximo posible y conseguir una de esas 273 plazas de farmacéutico en un hospital público es que una nota alta sería la llave definitiva de mi libertad. No solo supondría el fin - o la pausa, a fin de cuentas un profesional sanitario jamás deja de estudiar y aprender - a más de dos décadas con un lápiz en la mano y con los ojos puestos en el negro sobre blanco. Si no también porque supondría salir de este lugar donde, para una persona joven como yo, ni hay opciones ni hay libertad. Los que me conocen saben que soy un tipo diferente (y no digo raro, si no diferente, dándole la vuelta a la manidísima canción de Fito, o como yo lo llamo, MeRepito) y que la madrugada está para mí la última en la lista de opciones de ocio. Y en un pueblo oiga, madrugada tienes. Bares, veinte o treinta para seis mil personas. Pero no hay cine, por poner un ejemplo. Y a mí me gustaba ir cuando estudiaba la carrera; de hecho, me entra nostalgia de aquellas tardes en las que íbamos al cine Marta - se que lo leerás así es que te mando un fuerte abrazo a ti y a los tuyos - y Carmen y Tabea y María y, en ocasiones, mis compañeros de piso. Hay algunos bares que medianamente se parecen a aquellos en los que echaba yo las tardes en Salamanca, pero me faltan aquí 1 el tiempo y 2 las personas con las que tanto rato disfruté en ellos. También me gusta caminar, hasta hartarte, y ver edificios y calles y tiendas y gente pasando, pero aquí las tiendas que hay son el Día% y el Spar, la de bragas que tiene Pepe y alguna librería con el escaparate forrado de cromos de Bob Esponja. Tienes el campo, que a mi personalmente me encanta, pero créeme que llega un momento en que te hartas de ver lo mismo, a veces pienso que conozco a las cientos de ovejas que se me aparecen cuando voy a correr y que podría ponerles nombre a cada una, que a la mañana siguiente todavía me acordaría. En fin...

Tal es la monotonía del lugar que, como Kant, la mayor parte de sus ciudadanos hacen todos los días exactamente lo mismo. Y yo, por circunstancias, me veo contagiado. Mis días en el limbo del candidato a residente comienzan a las 8,20. Con la misma melodía del despertador haciéndote pegar el mismo brinquito cuando duermes mirando siempre al mismo lado (no sé como empiezo boca arriba y acabo tumbado del lado izquierdo, no lo entiendo). Me levanto, voy al baño, me enfundo mi trajecito verde de salir a correr mientras el Sports Tracker calienta el GPS, me enfundo los auriculares, la gorra y los guantes y marcho a dar el paseo. Siempre por el mismo camino. Otra gente sigue la misma rutina pero en sentido inverso (de hecho creo que soy el salmón del grupo, empiezo la ruta al revés que todo el mundo. Les he puesto motes. Justo antes de entrar en camino rural tenemos al viejecillo demasiado simpático, el que primero encuentro todas las mañanas, justo al lado de un busto de bronce que, ¡oh sorpresa!, aparece cada mañana con un gorro (el busto, no el señor) a cada día más estrafalario: unos días tiene por montera unos cartones rollo grunge, otros una naranja estripada como si tuviera complejo de exprimidor, una bolsa (será para no mojarse el peinado) e incluso un día tenía un cono de plástico de los de las carreteras. Volviendo al señor, todas las mañanas me dice: ¿ya vas? y yo contesto: ya voy. Y hablamos medio minutín de si llueve más o llueve menos o de si habrá setas o espárragos. Sigo caminado un pelín rápido (para ejercer el adelantamiento) y me adentro en el camino. Aquí ya depende del día, pero poco varía. Tenemos al tío con pinta de profesor que me saluda como con desgana, a las supremas de Móstoles (tres marujillas que empiezan la mañana con mucha marcha), al de las ovejas, otro grupo que lleva un perro que se me tira encima y me mancha de barro los pantalones, un chaval bastante fuertote que va a correr como yo... y mis favoritos por goleada, los hermanos amargura (en inglés, los bitterness brothers), un chico y una chica de unos treinta a los que dejé de saludar porque me miraban con mala leche y pasaban de mí, como si mi hasta luego - casi de obligado cumplimiento en el pueblo - les hubiera roto esa maravillosa burbuja de luz en la que parecen vivir. Entre que los ves y no vas caminando, comiéndote el paisaje con la mirada pero a la vez temiendo encontrarte colgando de un árbol algo que no es precisamente un fruto (se ha puesto de moda columpiarse con una soga por aquí, será la crisis...) Sin darme cuenta llego a la huerta de mis abuelos. Conversación de minuto y medio. Sigo mi marcha. Llego a lo de mis tíos, justo a la entrada del pueblo. Conversación de minuto y medio. Sigo la marcha. Y me topo con el señor lelillo que me pone los pelos de punta. Aparece una o dos veces por semana pero siempre me pregunta lo mismo. Que dónde está mi abuelo, que qué he estudiado y que por qué no tengo trabajo. La primera vez le expliqué por encima el asunto de las oposiciones con algo de detalle. No se enteró. La vez siguiente le dije que a ver si me cogían en un hospital, que como están las cosas... y no se enteró. Ya le digo que estoy en paro y que le den por saco (esto último lo pienso). A veces tenemos alguna guess star, a destacar la vieja que, no sabemos como, me reconoció después de 5 años fuera del pueblo (cosa que muchos de mis compañeros de clase no logran) y le empezó a decir a uno que pasaba por allí que yo era muy listo y muy bello. Llego a casa (pensando en lo que hay que aguantar a veces) sintiéndote parte de un show. Me ducho. Desayuno. Y aquí la cosa se simplifica por las siguientes doce horas: estudiar ··> comer ··> super mario y serie en inglés ··> estudiar ··> merendar con Doraemon (lamentándome profundamente que ingenios de los 90 como el gorrocóptero o la puerta mágica hayan pasado a un segundo plano superados por gilipolleces absolutas como el espejo arrancapelos o el cultivador de boniatos) ··> estudiar (curiosamente en este bloque me despisto con frecuencia con un vecino que sale a fumarse un piti de cuando en cuando y llama fea a otra vecina, enzarzándose ambos en un duelo que persiste en el tiempo hasta que la muerte los separe) ··> cena con El Intermedio ··> estudiar again ··> mirar el WhatsApp ··> vaso de leche + lavado de piños + coger la postura otra vez, que toca dormir. Día sí, día también.

¿Y por qué the sleeping village? Se me viene a veces a la cabeza al pensar en todo esto el nombre de una stage de mi videojuego favorito, el mítico MediEvil de la PS1. El malvado Zarok, recién levantado de su mausoleo para dominar la vieja Gallowmere, había echado un embrujo a los habitantes del pueblo con la misión de atontarlos y de lanzarlos unos contra los otros para el autoexterminio. Así (así) comenzaba Daniel Fortesque su paseo por el pueblo durmiente. Se me antojan coincidencias en varios aspectos. Como en aquella villa medieval de la ficción, en los pueblos se vive como en un microcosmos que lo parece todo, como si no hubiera más allá. Sólo unos pocos privilegiados - los jóvenes, mejor dicho, algunos jóvenes, y poco más - salen y entran rompiendo su atmósfera alguna que otra vez. Pero ni esto ni la monotonía zombificante me crujen tanto como las gentes de los pueblos. De todos. Quien dijera que lo mejor de los pueblecitos son sus habitantes se quedó más a gusto que habiendo parido. Creo, y seguramente muchos coincidan, en que aquí la gente es simpática y agradable por delante, pero están esperando a que un ciudadano se salga un poco de la media para apalearlo en la plaza, para juzgarlo sin piedad como si cada cual no tuviera defectos, y lo observo y lo compruebo a diario. Seguro que para muchos debo ser el hijo de Juan, pobrecito, que tan listo tan listo y con cinco años de carrera pero está metidito en casa y en el paro porque nadie lo contrata. Y así con todos. ¿Que te divorcias? Montarán varias ediciones especiales de Sálvame Deluxe al brasero buscando las razones - e inventándoselas, qué mas da. Tu mujer una puta, tu un cornudo, sea verdad o mentira. ¿Que te han dejado en el paro? Pobrecitos, a ver qué hacen ahora (mientras sus mentes dicen que se jodan). ¿Que vas a salir del armario? Cuidado, si por algo destacan los pueblos es por su machismo y cerrilidad. ¿Que te pica el qué dirán? Definitivamente este no es tu sitio.

En resumen y conclusión, un pueblo es bueno para dos días, para una semana. La quincena ya rasca. Y cuando estas en ellos más tiempo, especialmente si vienes de ciudades tan espectaculares como Cáceres o Salamanca, o te disuelve su dinámica o, como en mi caso, te sientes incómodo de formar parte de ella, deseando de marchar a un sitio más abierto, más entretenido, más plural, más libre y con una atmósfera que no sea tóxica en dosis prolongadas...


Así es que a seguir con los bichitos, mi billete a la libertad...

4 comentarios:

Lady Nemo dijo...

En primer lugar, ¡¡¡YA ERA HORA!!! Echaba mucho de menos tus posts. Bienvenido de nuevo al mundo virtual. Yo también echo de menos nuestras sesiones de cine y "corralito". Un abrazo también para ti y los tuyos ;)

Como alguien que no ha vivido nunca en un pueblo, todo lo que cuentas me resulta totalmente irreal, como si fuera una película (sobre todo eso de ver tantas ovejas, para los que venimos de ciudad, encontrarse una es un espectáculo digno de fotografía). Me ha resultado especialmente siniestro eso de los columpios... Tiene que ser un palo encontrarte con algo así. En cuanto a lo que comentas sobre la gente de los pueblos, no me sorprende nada. Todos sabemos que en otros ambientes (ciudades más grandes, en una facultad mismamente, entre compañeros de piso...) ya hay habladurías y demás, así que en un microcosmos tan pequeño imagino que será aún peor. Por otro lado, me hace gracia lo de "está bien para dos días o para unas vacaciones". Es lo mismo que digo yo siempre que me mencionan Ibiza.

Creo que no tengo más que comentar con respecto a tu entrada, salvo que yo estoy convencida de que serás uno de los 273. Creo que conozco pocas personas tan responsables e inteligentes como tú. Muchos ánimos, y no digo suerte porque sé que no la necesitas!

Salamanca también te echa mucho de menos a ti... y si no pregúntaselo a cualquiera de tus compañeros de carrera, que seguimos viéndonos todos los martes.

Daniel BM dijo...

Pues me alegro que lo hayas leído, como ves ya imaginaba que lo harías!! y más me alegra que sigáis manteniendo la tradición de ir al holly cross a jugar al trivial, que os dure mucho y, por supuesto, que ganéis la temporada!! Sé que no hablo mucho con ellos - esencialmente es la falta de tiempo, son 10-11 h de estudio al día... - pero diles que los echo de menos a todos y que en cuanto pueda les rendiré visita va?? Estuve por tu blog justo ayer (al ver que escribías me dio a mi por escribir; hoy verás que te he escrito y todo) y espero ver tu opinión y la de tu entorno sobre ese tema tan ''otoñal'' y negro del que escribí hace un año yo!! En fin, un abrazo y lo dicho, recuerdos para todos n.n

Lady Nemo dijo...

Escribiste en mi blog? En cuál de los dos? No me ha salido nada v.v Y sí, le daré unas cuantas vueltas al tema de la muerte y pensaré qué puedo contar :) Besos!

Daniel BM dijo...

O windows 8 me jugó una mala pasada (ahora escribo en los blogs con una app que le puedes descargar y que se llama blogg) o no metí el captcha, pero lo he reescrito ahora, más o menos es como iba, está en From the Shadows!!!